En cualquier emergencia hay un grupo que lo tiene más difícil que nadie: las personas mayores que viven solas. Cuando no se puede salir de casa —por una inundación, una ola de calor, una nevada o una pandemia—, comprar comida, recoger una medicina o simplemente hablar con alguien deja de ser algo cotidiano.
La primavera de 2020 lo puso a prueba en todos los barrios a la vez.
Lo que hicieron los vecinos
Con el estado de alarma, en muchos barrios de Madrid las asociaciones vecinales y los colectivos locales montaron redes de apoyo mutuo. Según la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), a 30 de abril de 2020 había 58 redes, que repartían alimentos a más de 20.000 personas gracias a 6.179 voluntarios. Entre todas habían atendido peticiones de más de 10.000 hogares.
No solo repartían comida. Según El Salto, las redes compraban medicinas y alimentos, paseaban perros, cuidaban de niños y ayudaban con trámites de trabajo, vivienda o ayudas sociales. Con las personas que vivían solas mantenían el contacto por teléfono. Muchas de las familias les llegaban derivadas de unos servicios sociales desbordados.
Lo que costaba
Las redes funcionaron gracias al esfuerzo de mucha gente, y por eso mismo dependían de él:
- Saber quién necesitaba ayuda. Las personas mayores que viven solas son las que menos usan grupos de mensajería, y a menudo nadie sabía que estaban ahí.
- Repartir las peticiones. Cada red se organizaba a su manera, y coordinar quién iba a cada casa era un trabajo en sí mismo.
- La confianza. Abrir la puerta a un desconocido, o darle tu dirección, no es fácil para nadie. Menos aún para una persona mayor.
Cómo podría organizarse con PeopleForPeople
- Pedir ayuda cuesta un minuto. Si la persona mayor no usa el móvil, puede pedirla un familiar o un vecino desde su cuenta: describe lo que se necesita («compra semanal», «recoger una receta en la farmacia»), marca la zona y elige la urgencia.
- La petición la ve el voluntariado de esa zona. Quien se ofrece solo ve una zona aproximada, de un kilómetro. La dirección exacta solo la recibe la persona que se acepta.
- Nadie escribe por privado sin permiso. Para hablar hace falta haber aceptado la ayuda, o aceptar antes la solicitud de contacto.
- Una asociación vecinal o una ONG verificada puede convertirlo en misiones fijas: acompañamiento semanal, reparto los martes o llamadas a quien vive solo. Coordina a su gente desde el panel y ve qué peticiones siguen sin cubrir.
- Si nadie responde, se sabe. Quien pide puede cerrar la petición indicando que no llegó ayuda, y eso enseña dónde falta gente.
Qué puedes hacer hoy
- Si tienes un rato a la semana, apúntate y elige tu barrio. Subir una compra o acompañar a alguien al médico son misiones de una hora.
- Si tienes un familiar mayor que vive solo, enséñale cómo pedir ayuda, o pídela tú por él cuando haga falta.
- Si formas parte de una asociación vecinal, el panel de coordinación os deja ver en un sitio quién ayuda, a quién y cuándo.
Fuentes
- Redes vecinales solidarias o cómo llegar a más de 20.000 personas sin instituciones — El Salto, 13 de mayo de 2020. Datos de la FRAVM a 30 de abril de 2020.



